¿Por qué nos preocupan los regalos de Navidad?

La Navidad es una fiesta religiosa que, además de generar encuentros, puede producir estrés, gastos en exceso y desperdicio. Son días en los que la cultura del consumo toma más fuerza que nunca.

Pero los regalos no son sólo una superficialidad. Según describe el psicólogo Ben Fletcher en la revista especializada Psychology Today, el comprar regalos para las fiestas se relaciona con una cuestión cultural, pero también con una necesidad de reforzar lazos sociales: obsequiar algo material es considerado una muestra de afecto hacia los seres queridos. Por eso en la mayoría de los casos el receptor recibe agradecido el presente, por más no vaya a darle utilidad jamás en su vida.

Fletcher comenta en el mismo artículo que un 89 por ciento de las mujeres y un 79 por ciento de los hombres encuestados admitieron haber fingido alguna vez sobre un regalo que odiaban: emitir sonrisas falsas y evitar el contacto visual fueron las estrategias más frecuentes para no revelar lo que verdaderamente sentían. De los consultados, sólo un 12 por ciento manifestó haber confesado alguna vez que no le gustaron sus regalos.

Los efectos de regalar y recibir también pueden evidenciarse en quien efectúa la compra: una cuarta parte de los participantes expresó haberse sentido ansioso por saber cuál iba a ser la reacción del destinatario del presente.

Regalar, ¿nos hace más felices?

Más allá del aporte de Fletcher, existen buena cantidad de estudios científicos que revelan por qué el consumismo no es sinónimo de felicidad, sobre todo durante esta fecha. Según una investigación publicada por la revista Journal of Happiness Studies, las personas que demuestran un mayor bienestar durante la Navidad son aquellas que ponen el centro de atención en la familia y la religión, mientras que las menos satisfechas son aquellas preocupadas por lo material, es decir dar y recibir regalos.

Esto coincide con otro tipo investigaciones en las que se analizó cómo el consumo influye en la felicidad. Por ejemplo, según la Asociación Americana de Psicología, desde la década de 1950, el consumo se duplicó en Estados Unidos, al tiempo que el bienestar de la población disminuyó considerablemente: hoy en día las personas son mucho más propensas que sus abuelos a desarrollar reacciones como el estrés y la depresión. Incluso un informe de la revista Couple & Relationship Therapy relaciona a este materialismo con la infelicidad en las relaciones humanas, como el matrimonio. Sobre un total de 1.700 parejas, aquellas con mayor nivel de consumo demostraron una menor calidad marital.